Agosto 4, 2008...12:25 am

El Solitario, ¿expropiador de bancos o Robocop?

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Leído en El País

Jaime Giménez Arbe, El Solitario, ha sido condenado a 47 años de prisión por la muerte de los guardias civiles José Antonio Vidal y Juan Antonio Palmero en Castejón (Navarra) el 9 de junio de 2004, según la sentencia que acaba de ser hecha pública por la sección tercera de la Audiencia de Pamplona. El fallo contempla 20 años por cada asesinato y siete años más por tenencia ilícita de armas en la modalidad de depósito de armas de guerra.

Jaime se considera un superhéroe, una especie de Robocop. Se cree astuto, bien preparado, un profesional incapaz de cometer errores. Por eso se le vino el mundo abajo y no podía asimilar que nosotros le hubiéramos detenido a mano, sin emplear armas, sin efectuar ni un solo disparo

Giménez Arbe es frío como un témpano, metódico, predecible, meticuloso, ególatra, narcisista e histriónico

La autojustificación y la mixtificación son conductas habituales de quien trasgrede la norma social. El delincuente busca exonerar la culpa, montando complejas explicaciones conspiranoicas cuyo resultado siempre es el escamoteo de su responsabilidad moral y la evacuación de la misma al conjunto de la sociedad. Entre otras cosas, para seguir viviendo y poder mirarse al espejo. Eso mismo hacemos todos, en la medida correspondiente a nuestras pequeñas miserias y trasgresiones.
España es, además, una sociedad enclitofílica, con querencia a la conmiseración hacia el delincuente, con una larga tradición de folcklorización romanticista del marginal y el fuera de la ley, desde la picaresca y el bandolerismo hasta hoy. Solo se requiere la confesión mediática para encender la sensibilización colectiva y la chispa rehabilitadora.

Una de las últimas estrellas de este firmamento está siendo Jaime Jiménez Arbe, más conocido como “El Solitario”, famoso ya en la época de sus andanzas como atracador de bancos por la parafernalia de que se hacía acompañar (apósitos enmascaradores, minunciosa preparación, modus operandi repetitivo, etc) y por el exitoso tiempo logrado escapando de la Justicia.

Tiempo después de su rocambolesca a histriónica captura en Portugal y del apayasado show mediático que se produjo a continuación (serie de ficción televisiva exprés, incluida), sigue apareciendo con motivo de sus sucesivas comparecencias en las salas de Justicia de medio país, especialmente esperpéntico su enfrentamiento con la madre de uno de los guardia civiles asesinados por él, o de sus traslados de prisión, dando muestra repetidamente de su hiperbólico y teatral personaje.

En una de sus últimas apariciones, puntual y obedientemente reflejada y multiplicada por los medios, nuestro hombre avanza en su verborrea paranoica neologizando sobre sus actividades, pasando a denominarse “expropiador de bancos” en lugar de atracador, en un truco muy propio del momento, caracterizado por el abuso eufemístico y justificando su proceder, como un moderno Robin Hood anarquista, buscando encardinarse en la tan española querencia por el “buen ladrón”, presente en el imaginario popular y en el repertorio fraseológico nacional (más roban los bancos).
La sentencia que le aplica una condena de 47 años de cárcel y su reintegro a la Justicia portuguesa quizás le alejen temporalmente de nuestra mediasfera.

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