La hiperpolitización y encuadramiento partidista, así como el predominio entre los nominados de los integrantes de las dos asociaciones profesionales de jueces magistrados que actúan como correas de transmisión de los dos grandes partidos políticos españoles, de los miembros del máximo órgano de gobierno del Poder Judicial (CGPJ), no sólo supone una triste noticia demostrativa de la pésima salud democrática patria, sino que prolonga ad infinitum la espiral politicista que todo lo invade.
Si había venido siendo habitual en los últimos tiempos la remisión a instancia judicial competente de todo asunto político conflictivo y el consiguiente recurso a la hiperjudicialización de la actividad política, en busca del veredicto final que ponga punto final al rifirrafe partidista, la acentuación de la deriva partitocrática que se veía observando en los últimos años y la obediencia y sumisión de los recién nombrados miembros del nuevo Consejo, así como su obsceno alineamiento con ciertas siglas partidistas, garantizan la infinita, extenuante e insoportable prolongación ad absurdum de la batalla bipartidista y presentista que enfanga nuestra vida política.
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