Pese a todas las farisaicas componendas a que dio lugar en el momento del accidente, era cuestión de tiempo que la película mediática del accidente del avión de Spanair en Barajas, el pasado mes de agosto, acaba ofreciendo y poniendo a disposición de la voracidad voyeurística general, aunque vergonzante y epigonalmente, las imágenes filmadas del propio accidente, del despegue fallido del avión y el posterior choque y estallido, más allá de anteriores reconstrucciones infográficas.
Un paso más en la bulímica espiral de demanda y oferta iconodúlica y visual a propósito de la tragedia aérea, de cualquier suceso global. Pasada la resaca de dolor y el recatamiento propio del pésame y la condolencia, apenas unos días después del último funeral de Estado en Canarias, tardaba en aparecer el sabroso bocado televisivo de la grabación del crash aéreo, con sus adrenalíticas dosis de morbo y su fatalismo desolador pero vigorizante. Es cierto que no aparecen cuerpos identificables, que no podemos observar rostros ni restos humanos, pero han prevalecido las prisas por saciar la sed de catarsis y olvido, por facilitar mediante el consumo visual la exorcización del fantasma de muerte que supuso el accidente, para poder regresar al presentismo hedonista imperante y totémico.
El vídeo nos lo ofrece El País.com...
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